Viajero 14.
Prometí que así hubiera una sola persona que leyera mi novela, yo la seguiría subiendo. Pero no cuento con mucho tiempo. Prometo que intentaré subir uno a la semana, a esta hora los viernes estoy mas tranquila :)
La chica rodó por encima del vehiculo y cayo al suelo bocabajo mientras que el coche intentaba controlar su derrape... el cristal crujió tenebrosamente.
- Ariadne... - Lalo se hecho a correr con todo el impulsó que había guardado en los últimos dos minutos y en un santiamén ya se encontraba junto a ella.
Había caído en una posición forzada, con uno de sus brazos torcidos y los cabellos revueltos sobre la cara
- Ariadne - repitió con la voz entrecortada, las lágrimas amenazaban con nublarle la vista - Ariadne, Ariadne... - insistió mientras la sacudía de los hombros
¿Por qué no se movía? ¿Por qué no le contestaba? ¿Qué acaso no escuchaba que la llamaba?
- ¡Ariadne! - Lalo tardo en comprender que esta vez no había sido él quién había pronunciado su nombre. Fue su padre
El hombre se agachó junto al cuerpo de su hija y la colocó sobre su regazo. Lalo no era tan valiente como para verla, pero sabía que ella tenía los ojos cerrados... él mundo se le vino encima cuando escucho al hombre desgarrarse en un llanto doloroso.
- mi hija no, mi hija no... - suplicó
Las mejillas de Lalo se empaparon al entender el significado de esa petición
"No, ella no, ella no" gritó su interior
Sin molestarse en apartar las lágrimas que le rodaban con fervor, busco el reloj... arreglarías las cosas, tenía que hacerlo, no podía perderla, no de esa forma.
Las manecillas se acomodaron en la fecha de esa misma mañana y sin querer volverse para no ver la realidad, presionó la corona...
La muñeca le ardió, su cabeza dio aun mas vueltas, y se detuvo dejando caer su cuerpo en algo más suave, y junto algo más cálido...
- Lalo - ¡Era su voz! Lo llamaba
El abrió los ojos de golpe, solo para darse de cuenta, con alivio, de que ella se encontraba sana y salva, abrazada de él. Los dos estaban recostados en la cama rosa de su habitación
- no - le dijo él aun con lágrimas en el rostro
- Lalo ¿Qué sucede? - preguntó asustada ante su angustia
- definitivamente no te llevare al pasado para salvar a tu padre, no me lo pidas Ariadne
Ella se quedo anonada
- ¿Cómo lo sabes?
- Por que ya lo hice - respondió él abrazándola con toda la fuerza posible - ya lo hice y casi te pierdo por eso
- ¿qué... qué sucedió? - tartamudeó
Sin decir una palabra más, Lalo la incito a que tocara el reloj... ella lo hizo
Pasó las delicadas yemas de sus dedos por el grueso cristal, las imágenes de la última e insoportable escena sucedieron ante los ojos de los dos
Ella jadeó
- yo... morí
- no - dijo Lalo ahogando sus palabras - no Ariadne, no lo hiciste, ¿Cómo te sientes? ¿Estas herida?
- no - respondió ella, el estomago se le había encogido y la boca secado. No podía pasar saliva
- te dije que permanecieras a mi lado - la regañó él tomando su rostro y besando repetidamente sus labios - por que... no... me hiciste... caso.
- perdona - se disculpó su voz sin vida
- no vuelvas a hacerme esto...
Lalo comenzaba a arrepentirse de haberle mostrado su escondite a Ariadne, ya que ahora no salía de el. Cuando por tercera vez en el transcurso del día se asomo a la habitación de la chica solo para darse cuenta que ella no estaba ahí, se dirigió directamente al balcón, esta vez sin ni siquiera tomarse la molestia de llamarla inútilmente.
Ariadne estaba sentada al otro lado, sobre el techado, con las piernas abrazadas y la cabeza metida entre las rodillas. Esta vez no estaba en la orilla con los pies colgando, si no hasta atrás, con la espalda recargada en la blanca pared perteneciente al segundo piso, Lalo respiro aliviado.
De un solo movimiento, saltó el barandal de fierro que lo separaba de ella, el espacio que había entre el balcón y el techado era estrecho para las largas piernas de Lalo, él no necesitaba saltar como Ariadne, apenas dar un paso y ya.
Una vez del otro lado se sentó a su izquierda, hombro con hombro, doblando las rodillas hacía arriba de la misma forma que ella
- sabes que no me gusta que vengas aquí sola - musitó
Silencio. Solo se alcanzaba a escuchar su delicada respiración, pero no se molesto en contestarle
- podrías caer... - continúo Lalo
- bien - dijo su amortiguada voz
- ¿bien? - pregunto el frunciendo las cejas y hablado con voz tan fría como el hielo, ella lo había hecho enojar - ¿tu crees que me moleste en salvarte solo para que vuelvas a lastimarte?
Ella pareció dudar, ya que sus hombros se encogieron
- lo siento
- ¿Lo sientes?... que considerada
- ¡No te molestes conmigo! - gritó levantando el rostro - ¿Qué no notas que me hace daño?
Lalo apretó los labios al examinar sus ojos rojizos, inmediatamente se clamó
- perdona - se disculpó volviéndose más dulce - pero colmas mi paciencia con tus intentos de suicidio
Era una broma, y Ariadne rió
- yo haría algo mas inteligente y efectivo si lo que buscará fuera acabar con mi vida - aseguró
- no lo digas así - se quejó Lalo entre dientes - haces que la piel se me ponga de gallina al escucharte decir eso
Ella suspiró
- no quiero hacerme daño - aclaró - simplemente me gusta este lugar, resulta bueno cuando necesitas pensar
- Aun así me doy cuenta de que has estado llorando
- eres muy observador ¿verdad? - repuso irónicamente, pero con una sonrisa
- no se me escapa nada - afirmó el siguiéndole el juego
Tiernamente, ella se encaramo en el brazo de Lalo y lo beso en su hombro, el respondió ante eso llevando la mano a su mejilla y acariciándola con el pulgar repetidamente
- gracias Lalo, por haberme ayudado a intentarlo, tal vez si hubiera sido más lista todo habría resultado mejor...
- imposible - contradijo él
Ella levantó la vista, extrañada
- ¿Qué quieres decir?
- Mi niña, tú eres la persona más inteligente que existe - ella se sonrojo ante sus palabras - además, estuve pensando seriamente en eso
- oh, amo tus teorías - dijo ella estirando el cuello para besarle la barbilla
Lalo le sonrió brevemente
- creo - continúo - que el resultado siempre hubiera sido el mismo, por más que hubiéramos regresado el tiempo para volverlo a intentar...
Ella proceso cada una de las palabras, intentando comprenderlo
- ¿Crees... que mi muerte no fue un error?
- Creo, que tu muerte no fue una coincidencia - a Lalo le costó decir esa frase
- No entiendo muy bien - admitió ella
- me refiero, a que en el momento en que salvaste a tu padre, alguien más tenía que morir tomando su lugar... alguien, forzosamente, tenía que cumplir con la dirección del destino, en este caso fuiste tú, pero pudo ser cualquiera, pudo ser el conductor
- Pudiste ser tú... - comprendió ella con horror
- Si, y me es inimaginable el aprieto en el que te hubiera dejado de haber sido yo
- ¿aprieto?
- así es, te explico. Tú, de alguna forma pertenecías a esa realidad, por que estabas tomando el lugar de tu Ariadne pasada ¿entiendes? - Ella asintió con la cabeza - pero yo, no estaba ocupando el lugar de nadie, prácticamente yo no existo ni ahí ni aquí, de haber muerto...
- habrías desaparecido... - concluyo Ariadne antes de que el pudiera hacerlo
- te dije que eres lista - la felicitó Lalo orgulloso - y por ende, si yo desaparecía, el reloj habría desaparecido, dejándote irremediablemente atrapada en el pasado
Por fin Ariadne comprendió el aprieto
- Todo resulta ser tan complicado - se quejó
- Lo se - concordó Lalo - antes de venir aquí, mi padre me dijo que me estaba metiendo en algo grande, que con el tiempo no se jugaba... cuanta razón tenía
- Deben extrañarte... - se lamento Ariadne
- si... Mama ah de estar histérica
Un sentimiento de culpabilidad los embargó a los dos, a Ariadne por sentir que era ella quién retenía a Lalo en ese tiempo, y a Lalo por sentir la nostalgia de sus padres.
- Jamás había querido tanto a alguien como te quiero a ti - le confesó él a ella en el oído. Ariadne se estremeció de placer
- Cuando haces eso - menciono ella poniéndose de rodillas para alcanzarlo - me provocas
- ¿Qué? - preguntó el aceptando su nuevo movimiento y acogiéndole la cintura - ¿Cuándo hago qué?
- Susurrarme al oído - respondió pasando una de sus piernas por su cuerpo y quedando sentada sobre su regazo, a la altura de su nariz - me vuelve loca
- Es bueno saberlo - él deslizó los labios por el cuello de Ariadne, los suspiros que ella soltaba le movían la punta del cabello, provocándole cosquillas en la nuca, acaricio sus brazos al momento en que los subía, para hundir los dedos en el suave cabello miel y dirigir la cabeza directo a su boca.
Ariadne respondió irguiéndose y colocando ambas manos a cada lado del cuello de Lalo, ella lo vio directamente a los ojos, provocando una especie de nerviosismo placentero en él que le recorrió la espalda... comenzaba a creer que Ariadne había descubierto su punto débil, y es que cuando lo miraban a los ojos, prácticamente se volvía loco, aunque en recompensa, él había descubierto el de ella: susurrarle al oído.
Terminaron aquella dulce y pasional mirada dejando caer sus parpados y uniendo sus labios de forma lenta. Se movían juntos, sincronizados y al suave ritmo de una canción lenta y llena de sentimiento.
Esta vez, a Lalo le quedo un sabor dulce de pasión en el paladar, ella era su pasión... y más aún cuando lo besaba de esa forma.
El beso era perfecto, el lugar era perfecto, ella era perfecta, todo era perfecto...
Jessica Moyado.









Adventures of Lolo