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Mis novelas :)

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Autora:

 

Jessica Moyado

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Viajero 14.

Prometí que así hubiera una sola persona que leyera mi novela, yo la seguiría subiendo. Pero no cuento con mucho tiempo. Prometo que intentaré subir uno a la semana, a esta hora los viernes estoy mas tranquila :)

 

 

 

La chica rodó por encima del vehiculo y cayo al suelo bocabajo mientras que el coche intentaba controlar su derrape... el cristal crujió tenebrosamente.

            - Ariadne... - Lalo se hecho a correr con todo el impulsó que había guardado en los últimos dos minutos y en un santiamén ya se encontraba junto a ella.

Había caído en una posición forzada, con uno de sus brazos torcidos y los cabellos revueltos sobre la cara

            - Ariadne - repitió con la voz entrecortada, las lágrimas amenazaban con nublarle la vista - Ariadne, Ariadne... - insistió mientras la sacudía de los hombros

¿Por qué no se movía? ¿Por qué no le contestaba? ¿Qué acaso no escuchaba que la llamaba?

            - ¡Ariadne! - Lalo tardo en comprender que esta vez no había sido él quién había pronunciado su nombre. Fue su padre

El hombre se agachó junto al cuerpo de su hija y la colocó sobre su regazo. Lalo no era tan valiente como para verla, pero sabía que ella tenía los ojos cerrados... él mundo se le vino encima cuando escucho al hombre desgarrarse en un llanto doloroso.

            - mi hija no, mi hija no... - suplicó

 

Las mejillas de Lalo se empaparon al entender el significado de esa petición

            "No, ella no, ella no" gritó su interior

 

Sin molestarse en apartar las lágrimas que le rodaban con fervor, busco el reloj... arreglarías las cosas, tenía que hacerlo, no podía perderla, no de esa forma.

 

Las manecillas se acomodaron en la fecha de esa misma mañana y sin querer volverse para no ver la realidad, presionó la corona...

 

La muñeca le ardió, su cabeza dio aun mas vueltas, y se detuvo dejando caer su cuerpo en algo más suave, y junto algo más cálido...

 

            - Lalo - ¡Era su voz! Lo llamaba

El abrió los ojos de golpe, solo para darse de cuenta, con alivio, de que ella se encontraba sana y salva, abrazada de él. Los dos estaban recostados en la cama rosa de su habitación

            - no - le dijo él aun con lágrimas en el rostro

            - Lalo ¿Qué sucede? - preguntó asustada ante su angustia

            - definitivamente no te llevare al pasado para salvar a tu padre, no me lo pidas Ariadne

Ella se quedo anonada

            - ¿Cómo lo sabes?

            - Por que ya lo hice - respondió él abrazándola con toda la fuerza posible - ya lo hice y casi te pierdo por eso

            - ¿qué... qué sucedió? - tartamudeó

 

Sin decir una palabra más, Lalo la incito a que tocara el reloj... ella lo hizo

Pasó las delicadas yemas de sus dedos por el grueso cristal, las imágenes de la última e insoportable escena sucedieron ante los ojos de los dos

 

Ella jadeó

 

            - yo... morí

            - no - dijo Lalo ahogando sus palabras - no Ariadne, no lo hiciste, ¿Cómo te sientes? ¿Estas herida?

            - no - respondió ella, el estomago se le había encogido y la boca secado. No podía pasar saliva

            - te dije que permanecieras a mi lado - la regañó él tomando su rostro y besando repetidamente sus labios - por que... no... me hiciste... caso.

            - perdona - se disculpó su voz sin vida

            - no vuelvas a hacerme esto...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lalo comenzaba a arrepentirse de haberle mostrado su escondite a Ariadne, ya que ahora no salía de el. Cuando por tercera vez en el transcurso del día se asomo a la habitación de la chica solo para darse cuenta que ella no estaba ahí, se dirigió directamente al balcón, esta vez sin ni siquiera tomarse la molestia de llamarla inútilmente.

 

Ariadne estaba sentada al otro lado, sobre el techado, con las piernas abrazadas y la cabeza metida entre las rodillas. Esta vez no estaba en la orilla con los pies colgando, si no hasta atrás, con la espalda recargada en la blanca pared perteneciente al segundo piso, Lalo respiro aliviado.

 

De un solo movimiento, saltó el barandal de fierro que lo separaba de ella, el espacio que había entre el balcón y el techado era estrecho para las largas piernas de Lalo, él no necesitaba saltar como Ariadne, apenas dar un paso y ya.

 

Una vez del otro lado se sentó a su izquierda, hombro con hombro, doblando las rodillas hacía arriba de la misma forma que ella

            - sabes que no me gusta que vengas aquí sola - musitó

Silencio. Solo se alcanzaba a escuchar su delicada respiración, pero no se molesto en contestarle

            - podrías caer... - continúo Lalo

            - bien - dijo su amortiguada voz

            - ¿bien? - pregunto el frunciendo las cejas y hablado con voz tan fría como el hielo, ella lo había hecho enojar - ¿tu crees que me moleste en salvarte solo para que vuelvas a lastimarte?

 

Ella pareció dudar, ya que sus hombros se encogieron

            - lo siento

            - ¿Lo sientes?... que considerada

            - ¡No te molestes conmigo! - gritó levantando el rostro - ¿Qué no notas que me hace daño?

 

Lalo apretó los labios al examinar sus ojos rojizos, inmediatamente se clamó

            - perdona - se disculpó volviéndose más dulce - pero colmas mi paciencia con tus intentos de suicidio

 

Era una broma, y Ariadne rió

            - yo haría algo mas inteligente y efectivo si lo que buscará fuera acabar con mi vida - aseguró

            - no lo digas así - se quejó Lalo entre dientes - haces que la piel se me ponga de gallina al escucharte decir eso

Ella suspiró

            - no quiero hacerme daño - aclaró - simplemente me gusta este lugar, resulta bueno cuando necesitas pensar

            - Aun así me doy cuenta de que has estado llorando

            - eres muy observador ¿verdad? - repuso irónicamente, pero con una sonrisa

            - no se me escapa nada - afirmó el siguiéndole el juego

 

Tiernamente, ella se encaramo en el brazo de Lalo y lo beso en su hombro, el respondió ante eso llevando la mano a su mejilla y acariciándola con el pulgar repetidamente 

            - gracias Lalo, por haberme ayudado a intentarlo, tal vez si hubiera sido más lista todo habría resultado mejor...

            - imposible - contradijo él

 

Ella levantó la vista, extrañada

            - ¿Qué quieres decir?

            - Mi niña, tú eres la persona más inteligente que existe - ella se sonrojo ante sus palabras - además, estuve pensando seriamente en eso

            - oh, amo tus teorías - dijo ella estirando el cuello para besarle la barbilla

Lalo le sonrió brevemente

            - creo - continúo - que el resultado siempre hubiera sido el mismo, por más que hubiéramos regresado el tiempo para volverlo a intentar...

Ella proceso cada una de las palabras, intentando comprenderlo

            - ¿Crees... que mi muerte no fue un error?

            - Creo, que tu muerte no fue una coincidencia - a Lalo le costó decir esa frase

            - No entiendo muy bien - admitió ella

            - me refiero, a que en el momento en que salvaste a tu padre, alguien más tenía que morir tomando su lugar... alguien, forzosamente, tenía que cumplir con la dirección del destino, en este caso fuiste tú, pero pudo ser cualquiera, pudo ser el conductor

            - Pudiste ser tú... - comprendió ella con horror

            - Si, y me es inimaginable el aprieto en el que te hubiera dejado de haber sido yo

            - ¿aprieto?

            - así es, te explico. Tú, de alguna forma pertenecías a esa realidad, por que estabas tomando el lugar de tu Ariadne pasada ¿entiendes? - Ella asintió con la cabeza - pero yo, no estaba ocupando el lugar de nadie, prácticamente yo no existo ni ahí ni aquí, de haber muerto...

            - habrías desaparecido... - concluyo Ariadne antes de que el pudiera hacerlo

            - te dije que eres lista - la felicitó Lalo orgulloso - y por ende, si yo desaparecía, el reloj habría desaparecido, dejándote irremediablemente atrapada en el pasado

Por fin Ariadne comprendió el aprieto

            - Todo resulta ser tan complicado - se quejó

            - Lo se - concordó Lalo - antes de venir aquí, mi padre me dijo que me estaba metiendo en algo grande, que con el tiempo no se jugaba... cuanta razón tenía

            - Deben extrañarte... - se lamento Ariadne

            - si... Mama ah de estar histérica

 

Un sentimiento de culpabilidad los embargó a los dos, a Ariadne por sentir que era ella quién retenía a Lalo en ese tiempo, y a Lalo por sentir la nostalgia de sus padres.

 

            - Jamás había querido tanto a alguien como te quiero a ti - le confesó él a ella en el oído. Ariadne se estremeció de placer

            - Cuando haces eso - menciono ella poniéndose de rodillas para alcanzarlo -  me provocas

            - ¿Qué? - preguntó el aceptando su nuevo movimiento y acogiéndole la cintura - ¿Cuándo hago qué?

            - Susurrarme al oído - respondió pasando una de sus piernas por su cuerpo y quedando sentada sobre su regazo, a la altura de su nariz - me vuelve loca

            - Es bueno saberlo - él deslizó los labios por el cuello de Ariadne, los suspiros que ella soltaba le movían la punta del cabello, provocándole cosquillas en la nuca, acaricio sus brazos al momento en que los subía, para hundir los dedos en el suave cabello miel y dirigir la cabeza directo a su boca.

Ariadne respondió irguiéndose y colocando ambas manos a cada lado del cuello de Lalo, ella lo vio directamente a los ojos, provocando una especie de nerviosismo placentero en él que le recorrió la espalda... comenzaba a creer que Ariadne había descubierto su punto débil, y es que cuando lo miraban a los ojos, prácticamente se volvía loco, aunque en recompensa, él había descubierto el de ella: susurrarle al oído.

Terminaron aquella dulce y pasional mirada dejando caer sus parpados y uniendo sus labios de forma lenta. Se movían juntos, sincronizados y al suave ritmo de una canción lenta y llena de sentimiento.  

Esta vez, a Lalo le quedo un sabor dulce de pasión en el paladar, ella era su pasión... y más aún cuando lo besaba de esa forma.

 

El beso era perfecto, el lugar era perfecto, ella era perfecta, todo era perfecto...

 

 

Jessica Moyado.

 

 

Cold as you

 

Tú tienes una manera de llegar facilmente hasta mí,

Y cuándo tomas, tomas lo mejor de mí

Entonces comienzo a luchar porque necesito sentir algo,

Y tú haces lo que quieres porque no soy lo que buscabas.

Oh, que lastima,

que final lluvioso para un día perfecto

Solo aléjate,

no uses palabras de defenesa que nunca volverás a decir.

Y ahora que estoy sentada aquí pensando en todo eso...

nunca he estado en un lugar más frío que tú.

Tú levantaste paredes y las pintaste todas color gris,

Y yo me mantuve allí amandote, deseando que solo desaparecieran.

Y luego te saliste de ello, con una pequeña gran historia de un desastre,

de un soñador que tenia el valor de adorarte.

A ti nunca te importó ni un poco cariño, pero llore...

llore por ti.

Y sé que nunca le hubieras dicho a nadie si yo moría...

moría por ti.

Nunca he estado en un lugar mas frío que tú.

Taylor Swift

 

 

 

Sin titulo

 

 

Vivir, comer y respirar las mentiras de su boca, pues son besos agrios los que te mantienen con vida. Sonríes y las grietas de tus labios sangran.

 

Piel quemada, sabes a sal. Húmeda, caliente e imperfecta. Hueles a ti, aún en medio de un climax inconcluso. Desgarra la sábana con tus uñas y pide piedad. Pide que termine y averigua, sueño o realidad...

 

 

 

 

 

Jessica Moyado

Viajero 13.

Ariadne despierta con los matutinos rayos del sol cayendo sobre su cara, dándole color a sus mejillas. Abre los ojos y extiende una sonrisa al sentir las manos de Lalo descansar sobre su cintura, se gira con cuidado de no despertarlo y se encuentra cara a cara con el, a centímetros de sus irresistibles labios...

Pone su índice en el nacimiento de su barbilla y posa brevemente su boca en la de él. Lalo abre los ojos al recibir el dulce despertar.

 

       - ya amaneció - anuncia Ariadne

       - hum, ¿me das mas de eso para despertar?

Ella suelta una risita mientras permite que la mano de Lalo se deslice por su nuca y la acerque mas a él, intercambiando otro beso.

Ariadne siente como si un millar de mariposillas revolotearan por su estomago.

 

       - Lalo - le llama ella con los ojos cerrados

       - ¿si? - pregunta él mientras la abraza

       - Estuve pensando - parece dudar un momento

       - ¿en qué? - insiste Lalo con creciente curiosidad

       - En... el tiempo, en el reloj - hace otra pausa

       - ¿si? - vuelve a repetir Lalo

       - ¿puedo pedirte algo? - le pregunta, dubitativa

       - Lo que quieras - responde él sin pensarlo dos veces

       - ¿Lo que quiera? ¿lo prometes?

       - Lo prometo - le da su palabra

       - Bien, quiero volver en el tiempo

Abre los ojos para averiguar su expresión, ah dejado a Lalo anonado

       - Que quieres... ¿Qué?

       - Volver en el tiempo - repite sin inmutarse, ocultando sus inquietudes

       - ¿Para que? - pregunta Lalo separándose unos centímetros y analizarla

 

Sin previo avisó, los ojos de Ariadne se cristalizan un poco. Se pasa el dorso de la mano por ellos intentando desaparecer las lágrimas que se avecinan

       - mi padre - pronuncia en voz muy baja

Lalo entiende todo ante esa simple mención

       - Ariadne, es demasiado complicado, el tiempo no funciona de esa forma

       - Lo se, pero... eh vivido todos estos años imaginándome como serian las cosas si él estuviera vivo. Ahora tengo esa oportunidad, podemos salvarlo Lalo

       - No - negó él

       - Lo prometiste - le recordó ella, aunque muy en el fondo sabía que aquella promesa no seria suficiente - lo que quiera

       - No sabía de que se trataba - se justificó

       - Lalo, te lo suplico - le rogó - solo te pido que lo intentemos, solo eso, si no funciona lo aceptare, pero no quiero vivir preguntándome que hubiera pasado de haberlo intentado, solo intentarlo...

 

       - Yo... - ella logró que Lalo dudara - tengo que pensarlo bien, Ariadne

       - Solo te pido eso... piénsalo

 

Confundido, él se separo completamente y se sentó en el borde de la cama, escondió el rostro entre sus largos dedos

¿Ahora que? ¿Que sucedería si accedía? Definitivamente era algo muy peligroso, pero ella tenía razón en cierta parte, y la entendía, tener una oportunidad así entre sus manos y dejarla ir... sería una estupidez. Se puso en su lugar, y supo que el haría exactamente lo mismo que Ariadne de estarlo, y no solo eso... incluso se dio cuenta que ya lo había hecho... todas las veces que regreso el tiempo para salvarla a ella. En cierta forma, no tenía opción, no sin que su conciencia quedara tranquila.

 

Se puso de pie y la miro, la pequeña lucía indefensa enredada en las sabanas, sus dos ojos grandes estaban abiertos y suplicantes.

Lalo suspiró

            - sabes que si me miras así no tengo opción - musitó

Ariadne sonrío

            - ¡gracias Lalo! - grito abalanzándose sobre él

            - pero lo haremos a mi manera - aclaró mientras la sostenía - y no quiero que te separes de mi ¿entendiste?

            - si, si - acordó emocionada

 

Ambos se vieron a sí mismos, estaban desaliñados y aún tenían la ropa de ayer, con la cual habían dormido. Decidieron arreglarse un poco antes de partir a su nueva aventura.

 

 

Lalo tomo una baño rápido y se puso una playera negra junto con unos pantalones blancos y acomodo su cabello de lado, tal y como acostumbraba. Para cuando salió de la habitación de Alex ella ya estaba lista... y ansiosa.

Su cabello caía húmedo debido a la ducha que también había tomado, y llevaba puesto un largo blusón amarillo que le llegaba a los muslos a juego con unos mayas negras.

            - deja de mirarme - pidió ella sonrojada - me puse lo primero que encontré

Lalo torció los ojos dándole vueltas a la pupila de una forma graciosa

            - luces linda

Ariadne se sonrojo aún más

            - ¿nos vamos ya? - preguntó

            - no quieres desayunar algo antes de...

Ella lo interrumpió con un fuerte jalón del brazo que dejo el reloj al descubierto

            - no - contestó

            - de acuerdo - accedió Lalo un tanto perturbado por la instantánea fuerza de Ariadne - tienes que decirme el año exacto - pidió

 

Su expresión se volvió algo sombría al recordar la fecha, una fecha inolvidable para ella, se la dijo con un susurro y lo observo con atención mientras el trabajaba con las manecillas. Un minuto después ya estaban listas

            - ¿Qué tengo que hacer? - pregunto Ariadne casi dando saltitos de la emoción

            - ven para acá - le dijo sosteniendo fuertemente su cintura, tal cual como la primera vez - no te desprendas del reloj - ordenó

 

Ella tomó la muñeca de Lalo y por consecuencia, al reloj. Lo hizo con fuerza.

            - quemará - avisó él

            - lo se - contesto ella

Con el brazo que tenía libre se aferró al torso de Lalo, preparándose para lo que venía.

Al instante, su mano comenzó a arder, pero esta vez le pareció poco, no supo si fue debido a la adrenalina o a que ella misma ardía incomparablemente por dentro.

Sintió como se giraba junto al cuerpo de Lalo y cerro fuertemente los ojos para no marearse más de lo necesario, y tan desconcertante como la vez primera, todo se detuvo... pero esta vez perdió el equilibrio

 

            - lo siento - se disculpo ella al caer sobre Lalo, quien había acabado en la banqueta

            - descuida - respondió el sobándose la nuca - ¿te lastimaste?

            - no te preocupes... ¿funciono? - pregunta mirando a su alrededor

            - no lo se... - contesta Lalo enderezándose - dime tú

 

Ella tardó unos minutos en ubicarse

            - ya - avisó - estamos a unas cuadras

Con rapidez tomo la mano de Lalo y se echó a correr hacia la calle paralela, él la siguió y en tan solo unos minutos ya estaba a la delantera, era más rápido que ella.

Llegaron a su destino con todo y traspiés, ambos se tomaron unos segundos para recuperar el aliento y examinar la calle.

Lalo se apoyó en sus rodillas y tomo bocanadas de aire, mientras que ella se recargo en la pared mas cercana y se puso una mano sobre su pecho, que subía y bajaba conforme su agitación.

 

 

            - ahí esta él - dijo ella abriendo los ojos con una combinación de horror y fascinación en cuanto vio a su padre, saliendo de un edificio grande lleno de ventanas - después de todo este tiempo, ahí esta él...

 

Las lágrimas nacieron en sus ojos y se le desbordaron por las mejillas. Lalo comenzaba a preguntarse si aquello había sido una buena idea, Ariadne lucía abatida y fascinada, desecha y reconfortada, desconsolada y emocionada... era un torrente de emociones

            - no - pronunció ahora asustada - ¡no! ¡PAPA! - grito ensordecedoramente, pero Lalo sabía que era imposible que él la escuchara, su padre se encontraba al otro lado de la calle... cruzaba meneando su maletín y mirando con atención su celular, sin darse cuenta de que a toda velocidad un taxi se acercaba por su derecha

Lalo no pudo moverse ni un centímetro, se sentía en una especie de shock, lo único que lo hizo reaccionar fue verla pasar a su lado como un rayo, decidida a no detenerse...

            - ¡ARIADNE! - le gritó desesperado al verla escabullirse por los carros hacia la acera de en frente, pero ella no aminoró su paso, al contrario, aceleró

Todo pareció suceder en cámara lenta, como si fuera una tortura, siguió gritándole sin éxito alguno, se desgarraba la garganta ordenándole que volviera... pero ella solo se alejaba corriendo

 

            - ¡papa, a un lado! - volvió a gritarle al encontrarse más cerca

Su padre, vestido formalmente de traje, levanto la vista extrañado, al recibir tal advertencia, en un par de milésimas de segundos miró sorprendido a su hija corriendo, y enseguida giró el cuello hacía su derecha. Abrió los ojos con espanto.

 

Ariadne llego hasta donde él se encontraba antes de que alguien más lograra reaccionar y con un fuerte empujón saco del peligroso camino a su padre... quedando ella en su lugar

            - ¡NO! - grito Lalo cuando el taxi la golpeó

 

 

Jessica Moyado ♥

Viajero 12

 

Capítulo anterior:

http://wordslove.metroblog.com/viajero_11

 

 

12.

 

Con cuidado, la pareja se sienta en la orilla, con los pies colgando en el vacío. Ariadne los mece un poco, incapaz de estar quieta

 

            - ¿tenemos que hablar? - pregunta Lalo, adivinando su expresión, que parecía debatirse consigo misma. Ella vuelve la mirada de sus pies, a sus ojos...

Desde el día en que lo conoció, Lalo le había parecido atractivo, pero ahora no le quedaba duda alguna. Le encantaba esa piel canela que combinaba a la perfección con sus dos ojos miel ocre, y ese cabello rebelde que se acomodaba de lado luciendo su color castaño obscuro.

Los dedos de sus manos eran largos y terminaban en puntas más cuadradas, pero le gustaba como en ese momento su pequeña mano era cálidamente acogida por la de él, sus nudillos lucían mas morenos que el resto, pero definitivamente, lo que se llevaba el premio de oro, eran esos suaves labios de aspecto durazno.

           

- ¿Ariadne? - insistió Lalo ante su larga pausa

Ella pestañeo intentando salir de su ensañamiento, ‘concéntrate' se ordenó así misma. Ante esa nueva orden sus ojos se dirigieron inconcientemente hacía el reloj.

Lalo suspiró.

 

            - aún no lo entiendes ¿verdad?

            - te creo - confesó ella - sería una estupidez no creerte ahora, es solo que aun estoy esperando despertar...

            - ya lo hiciste - le recordó Lalo

            - claro, el desmayo - recapacitó - ¿de verdad estuviste a mi lado toda la tarde?

Sus miradas interactuaron

            - si - respondió él en voz baja

Ariadne sonrió

            - ¿de donde vienes? - preguntó curiosa. Ambos sabían que ahora la verdad era posible

            - vivo en el año 2032 - le dijo él

            - ¿Cómo es? - cuestionó emocionada

            - hum - dudo él - no es... no es lo que crees

Ella perdió su emoción con rapidez

            - ¿de que hablas?, el futuro debe ser genial

            - esto es genial - contradice Lalo observando el cielo estrellado - jamás imagine que todo fuera tan... hermoso.

Ariadne se tomo un momento para procesar sus palabras

            - Lalo, ¿Cómo es? - vuelve a preguntar

El sonríe irónicamente

            - Las casa no tienen esos bonitos jardines como los de esta manzana, yo jamás había visto un césped tan sano como el del parque... ni nada parecido a un parque, las áreas recreativas ya no parecen ser importantes, los árboles... no tienen hojas, los pocos que quedan constan de ramas torcidas, secas... el cielo, es todo el tiempo gris, y la resolana quema los pocos recursos que quedan en nuestro mundo, llueve inesperadamente y yo, en mis 19 años bien cumplidos, jamás había logrado ver una sola estrella de noche, nunca creí que llegaría a ver 132

 

Ariadne lo miro anonada y Lalo le mostró toda su dentadura en una sonrisilla

            - las conté - se excuso encogiéndose de hombros

            - ¡que proeza! - le alabó - debiste tardar...

            - fue fácil - objetó quitándole importancia

            - no puedo creer que acabemos con este mundo - mencionó abatida

            - yo sabía que había acabado, gracias a las noticias, películas viejas y por los relatos de mis papas, pero jamás le di tanta importancia y no se por que... no, si lo se. Es por que esa es nuestra realidad, por que no conocía nada mejor... pero esto supera las expectativas, en verdad lo extrañare cuando me vaya...

 

Al escuchar esas palabras, Ariadne enterró las uñas sin querer en el dorso de la mano de Lalo, él proceso lo que acababa de decir

            - oh - menciono

            - ¿te iras? - pregunto ella incapaz de sostenerle la mirada

            - pues... - dudó - Ariadne, no pertenezco aquí, por mucho que quiera quedarme, ambos sabemos que lo más sano es que vuelva...

 

La chica se mordió el labio inferior con ímpetu

            - oye - la llamo él tomando una de sus mejillas y obligándola a que volteara a verle - me quedare un poco más, no te dejare ir tan fácil - le prometió

Ella sonrió tristemente

            - Lalo - pronunció, él no le quito los ojos de encima - aún no entiendo como es que vimos aquella escena solo por que toque el reloj

            - hummm - meditó él - tengo una teoría

            - ¿Cuál? - su curiosidad se volvió inevitable

            - creo... que el reloj es mas complejo de lo que creí. Tu simple contacto con el logro que el momento que había borrado, emergiera. Asumo, que el reloj puede regresar el tiempo, pero no puede deshacerse de las emociones... ni de los sentimientos. Puede ser que lo que estábamos viviendo, lograra que inevitablemente el reloj regenerada la escena mas parecida, una que ya habíamos vivido...

            - es una teoría razonable - admite Ariadne - estoy impresionada

Lalo vuelve a sonreír anchamente

            - ¿impresionada?

            - si - afirma - creaste algo increíble, lamento no haberte creído al principio, pensé...

            - lo se - la interrumpió Lalo - Ariadne, no tienes de que preocuparte, la verdad es que ni yo mismo me hubiera creído, y eso que me considero de mente abierta, pero aún así, cualquiera hubiera pensado que estaba tocado

 

Ariadne negó meneando la cabeza

            - pensé que estabas jugando conmigo...

Lalo la miro con los ojos muy abiertos

            - escucha bien - le pidió acariciando su pómulo - yo nunca, jamás me permitiría a mi mismo jugar contigo Ariadne 

 

Ella lo recompenso con una sonrisa. Sin previo avisó se estiró un poco para alcanzarle los labios, se sintió algo extraña, pues era la primera vez que ella lo propiciaba, pero también le hizo sentirse fuerte, segura, y satisfecha...

 

El aire frió se coló entre ambos, provocando que Ariadne se estremeciera en los labios de Lalo. Él se separo con suavidad y la miro.

La ventisca jugueteaba con sus cabellos y corría por sus mejillas rojizas, pero la mano que aun sostenía en la suya estaba helada

            - ¿tienes frío? - le preguntó

            - no - mintió ella esforzándose por no tiritar

 

Sin pensarlo dos veces, Lalo se quito la sudadera que tenía puesta y se la puso sobre los hombros, cubriéndola.

Ella solo traía su blusa blanca de manga corta

            - gracias - susurro besando su mejilla al mismo tiempo que pasaba sus brazos por las largas mangas, Lalo le ayudo a cerrársela, abrochando la cremallera hasta el cuello.

            - deberíamos entrar, no me gustaría que te enfermes

 

Aquel lugar era demasiado perfecto para Ariadne, aún no tenía ganas de irse pero presentía que ese sería un tema indiscutible. Se puso de pie con sumo cuidado y con las manos de Lalo rodeándola para que no cayera.

Tal y como la primera vez, la ayudo a saltar... Lalo era tan atento, ella no lograba acostumbrarse a eso.

 

Entraron a la habitación sin retardarse más afuera. Lalo se separo un poco para cerrar el balcón.

Ariadne le echó un vistazo al reloj digital que se encontraba sobre su buró

            - es media noche - anunció con un bostezo

            - ¿estas cansada? - cuestionó él

            - en realidad... sí, y no se por que, hoy no hice más que dormir

            - es esto del tiempo - contesta Lalo - te deja agotado

            - vaya que sí

 

Sin concentrarse en la charla, ella se deja caer sobre el acolchado y abraza la almohada

            - ven conmigo - le dice mirando a Lalo, quien aún esta de pie junto al balcón, ahora cerrado

El se acerca con lentitud y se sienta a su lado, con los nudillos le acaricia suavemente su mejilla fría

            - ¿todo bien? - pregunta

            - acuéstate - murmura

Lalo obedece y posa su cabeza a un lado de la de ella

            - ya, descansa - le dice Lalo sonriendo

            - solo si se que te quedaras

El hace un gesto inconforme

            - mama ni siquiera lo notara - insiste - y nadie más vive aquí

Lalo pensó en Alex, y en todo lo que sería capaz de hacerle si se llegara a enterar. Instantáneamente, sintió alivió del hecho de que Canadá estuviera lo suficiente lejos

            - ¿si? - suplicó Ariadne

            - de acuerdo - accedió Lalo - pero duérmete ya

 

Ella guiño uno de sus ojos en respuesta y se dio media vuelta dándole la espalda, adoptando una posición de lado.

Sin poder resistirse, Lalo se acerco a ella travieso, le apartó el cabello y respiro sobre su nuca, acto seguido, le beso el cuello con cariño.

            - si haces eso no podré dormir - reprochó

            - tienes razón - concordó Lalo con una sonrisa

            - oh vamos, uno y ya - pidió rindiéndose

Lalo rió y volvió a inclinarse para besar esta vez su mejilla, solo que ella giro el rostro en el momento exacto y cayo sobre sus labios

            - tramposa - la acusó tiernamente

 

Ella volvió a guiñarle uno de sus ojos y se recostó sobre la palma de su mano

            - buenas noches - le deseó

            - buenas noches - respondió Lalo adaptándose a su postura, para conciliar el sueño junto con ella... si es que aquello no era ya su sueño personal.

 

 

                              Jessica Moyado ♥

Hola, hi, bonjour, Olá

 

Si, aun recuerdo mi blog, es solo que no he tenido nada que decir. Ultimamente he subido entradas que no tienen nada que ver con la novela de Viajero, pero han pasado cosas que me inspiran a escribirlos. Luego, en la escuela me invitaron a un taller de creación literaria y entré (demasiado confiada, debería añadir). Ahí, cada semana tuve la oportunidad de leer mis escritos, y escogí los más recientes. Vaya sorpresa que me lleve cuando a muy pocos les gustaron, así como recibí felicitaciones, recibí criticas: que me hacia falta leer cosas mas serias, que escribia como si fuera una adolescente, que parecían una copia de "crepusculo". Auch. Por supuesto, todo fue en son de crítica constructiva, pero si me sentí mal porque yo escuchaba los escritos de los demás y me encantaban, pero los mios no lograban agradarles. Fue dificil porque en lugar de darme mas inspiración, me la quitaban. Pensé que estaban siendo muy crueles, pero después comprendí que no era crueldad, solo eran escritores enamorados de lo suyo, no de lo mío. Pero aun así, a pesar de todo, yo estaba muy enamorada de lo mío, y eso era lo importante. Ellos son muy buenos, escriben poemas contemporaneos y posmodernos, con metáforas en verdad hermosas. Y yo, bueno, yo escribo. Y amo hacerlo.

 

 

A pesar de todo hubo una chava que suavizó mis críticas diciendo: "Yo no lo veo mal, si ése es tu estilo, adelante". Jamás había pensado en mi "estilo" y aun no estoy segura de cual es el mío. Pero en parte ella tenía razón, no porque un estilo no te guste quiere decir que está mal. Lo mío no está mal, pero si pude ser mejorado, así que de todas formas aprovecharé todas esas criticas y consejos. Quien sabe, tal vez soy malisima escribiendo poemas y teniendo una visión más madura, pero he comenzado historias y me he propuesto terminarlas, y estoy muy orgullosa de eso porque no todas las personas terminan algo que comenzaron. Asi que éste es mí consejo queridas lectoras: Si criticas, me aseguras que puedes hacerlo mejor que yo...

 

 

Cambiando de tema, he estado leyendo comentarios viejos que han dejado y quiero que sepan que jamás será suficiente agradecerles por ellos. Muchos de ellos en verdad son hermosos. Tampoco he estado cruzada de brazos; me di cuenta que la redacción de mis novelas es muy mala y decidí arreglarla (signos de puntuación, palabras, todo eso) La verdad creí que sería facil, pero a veces si se vuelve un poco enfadoso y lento. Aun así terminé de arreglar Sunset :) ahora hasta parece un libro y al final, puse todos los comentarios que dejaron de Sunset con el respectivo nombre de cada quien, con el fin de que si logro publicarla como libro, los comentarios de mis primeras lectoras esten ahí :) un pequeño regalito para todas las que me han firmado. Además, haré eso con cada una de las novelas como agradecimiento a ustedes :D

 

Como ven, hay mucho que hacer. Un placer haberlas saludado, ya las extrañaba

 

Jessica Moyado ♥

Día número 540.

 

            Ha pasado tiempo desde que no te veo. No sé dónde estás, pero he procurado no moverme de mi sitio mientras te espero. Estoy cansada de estar encerrada en este lugar y tener que pasar días enteros sin ti, pero sé que cuando te vea todo valdrá la pena. Estoy acurrucada en una esquina. Mis muñecas me duelen, la última vez que viniste las ataste tan fuerte que la rasposa cuerda poco a poco abrió mi piel, haciendo que sangrara. Procuro no moverme para no hacerles más daño. Espero que llegues pronto, las ataduras también lastimaron mis tobillos, aunque hace días que dejé de prestarles atención. Te alegrará saber que por fin me acostumbré al frío, un poco tarde, lo sé, puesto que el invierno está a punto de finalizar otra vez. He notado que cada día respiro más profundo, pero solo siento el aire cuando un breve suspiro se escapa de mis labios, clamando tu presencia. No me estoy quejando, sé que no has tenido tiempo de venir a sanarme y lo comprendo. Te espero. No me estoy volviendo loca, me repito una y otra vez.

Cierro los ojos y comienzo a pensar en ti, es la única forma de hacer que el tiempo pasé más rápido. Imagino que te veo, caminando hacia mí con tu dulce sonrisa, dulce mirada. Te agachas frente a mí y acaricias con tus dedos el largo de mi brazo. Mi cuerpo despierta de aquel poderoso letargo con un estremecimiento y mi corazón comienza a golpear con fuerza mi pecho, porque le encantas tanto como a mí. Dos de tus dedos alzan con cuidado mi barbilla, pues sabes que estoy débil. Dices mi nombre y me besas profundamente. Yo sonrío, había esperado tanto eso... al separarte comienzas a susurrar con ternura todas las cosas que te gustan de mí, mientras me pides que no deje de mirarte a los ojos. Me desatas y puedo abrazarte, te aprieto contra mí con el resto de mis fuerzas, el perfume de tu cuello me embriaga placenteramente. Te deseo de todas las maneras posibles. Deseo que te quedes conmigo. Mis piernas rodean tu cintura y tú, delicadamente, acaricias las mayas negras que las cubren. Me siento completa por que se que me amas...

 

Abro los ojos en cuanto escucho que la puerta se abre. Sonrío ampliamente, pues parece como si mis pensamientos te hubieran invocado. Me enderezo con todo el cuidado posible y recargó uno de mis hombros en la sucia pared, mientras te recibo con un rostro lleno de felicidad. Mis atadas manos caen sobre mi regazo y te miro con expectación. Estoy queriendo que ya te encuentres a mi lado.

 

Te agachas, como siempre, y quedas frente a mí. Me miras como si no me conocieras y mi sonrisa se encoje un poco, no sé si te está pasando algo. Ansiosa por la lejanía, alzo la barbilla e intento besarte, pero me apartas tan bruscamente que me golpeo contra la pared. Te miro, sin saber que sucede, tú solo te acercas y me desatas. Me lastimas, no puedo evitar gemir de dolor mientras miro como la sangre seca de mis muñecas es cubierta por sangre nueva. A ti no te preocupa y continúas con mis pies. Después, me tomas del codo para ponerme bruscamente de pie. Me siento mareada y débil, pero un atisbo de esperanza se asoma para mí cuando comprendo que por fin vas a sacarme de ése lugar. Por fin aceptaras lo que sientes. No tendría que esconderme más.

Algunas lágrimas de emoción bordearon mis ojos y sonreí aún más conforme nos acercábamos a la puerta, no podía creer que estuviera sucediendo. Lo único que me importaba era estar contigo.

 

La puerta se abrió y yo fui empujada al suelo. Caí sobre mis manos, pero aún así todo el cuerpo me dolió. La cantidad de luz me dejó ciega por un momento. Desesperada te busqué, mientras parpadeaba para deshacerme de las lágrimas. Seguías en el marco de la puerta, mirándome con una mezcla de lástima y odio.

                -  No entiendo - susurré en voz muy baja

                - Debes irte. Estoy con alguien más

 

Mientras mi corazón gritaba de dolor, yo me quedé muda. Mi respiración se entrecortó y un montón de lágrimas se agolparon en mis ojos. ¿Cómo pasó? ¿Por qué? ¿Cuándo dejaste de quererme? Miré las heridas de mi cuerpo, incrédula. Me consumiste por completo y ahora, inservible, me dejas como a una muñeca rota. No entiendo nada ¿Quién es ella? ¿Por qué ella? El pecho me arde, quiero desgarrarlo.

                - Eres libre

                - ¿Libre? Preferiría pasar el resto de mi vida atada de manos que imaginarte besando a otra. No me cambies. Por favor. No me dejes. Soy tuya.

                 - Adiós

                 - Pero - la puerta del lugar donde había vivido los últimos años se cerró en mi cara. Él la cerró - yo te amo...

 

 

 

 

 

 

Jessica Moyado.

 

 

Pues...

   Te extraño

 

Extraño tu número parpadeando en la pantalla de mi teléfono, extraño tu voz, y las palabras que me querían. Extraño tus manos, y tus labios, y tus ojos.

 

Extraño mucho besarte. Quererte. Extraño la fuerza que tenía para perderme en tus labios sin que importara que nos sucedería después, sin preocuparme de que te perdería, porque aún confiaba en que te tendría.

 

Extraño lo simple. Extraño que pase algo, cualquier cosa, como nuestras manos entrelazadas viendo una película, con un ajeno pero frio dia lluvioso que en realidad no tenia importancia. Porque estaba contigo. Porque estaba a tú lado.

 

Extraño, simplemente, las cosas que sucedían entre nosotros, porque ya no están pasando y no sé que hacer, sin ti.

 

 

 

 

Jessica Moyado ♥

 

 

 

Amor, a fin de cuentas

 

 

            - Despierta

 

Ella abre los ojos de golpe. Desorientada, mira a su alrededor. No reconoce el lugar donde se encuentra, pero reconoce a la persona que camina lentamente hacia ella. Un escalofrío le recorre la espalda. De pronto, le cuesta trabajo respirar. Es él. El anhelo es tan intenso que los frenéticos latidos de su corazón comienzan a doler. Sigue siendo hermoso. La piel morena brilla por el sudor y una fina capa de vellos recorre su torso desnudo hasta acabar en el ombligo. Va descalzo y los pantalones de mezclilla le cuelgan de las caderas. No pudo evitar notar lo mucho que habían crecido sus músculos, aún así, era duro recorrer esos brazos con la mirada y evocar el recuerdo de los tiernos abrazos del pasado. Los humanos, pensó, poseen una ternura única que guía hacia la locura.

Una lágrima resbaló por su mejilla al ver su rostro y notar que estaba molesto. No era aquel el rostro que le gustaba, ella estaba deseando mirar de nuevo aquella sonrisa que la derretía como lava ardiente dentro de su propio cuerpo. La barba de tres días, los ojos chocolate, las pestañas largas y los gruesos labios estaban dominados por una expresión de odio.

            - Es tarde para llorar

 

Ella tembló al escuchar su voz, aterradora y provocativa a la vez, sutilmente sexy, como los susurros al oído que solía decirle antes de besarla en el cuello. Recordó el calor y explotó por dentro. Cuanto lo había extrañado, necesitado, era casi insoportable estar viéndolo sin poder tocarlo.

 

Ella cerró la boca y alzó la barbilla, en un intento de hacerse con la poca fuerza de voluntad que le quedaba. Él aceptó el desafío y se acercó hasta no dejar espacio entre ambos cuerpos. Una dolorosa oleada de calor los recorrió a ambos. Él apretó los puños con fuerza mientras las aletas de la nariz se dilataban con su respiración. Ella intentó apartarlo, pero sus brazos se detuvieron a mitad del camino. Incrédula, miró las gruesas cadenas atadas a sus muñecas y soltó un leve jadeo por la impresión. Él sonrió ante eso y a ella le dolió que su desdicha le divirtiera. Lo miró, por primera vez lo miró a los ojos, aún sabiendo que eso podría debilitarla. Eran como espejos, podía verse claramente en ellos: el largo vestido de volantes, color rojo sangre, le caía hasta los pies. Traía el cabello recogido, a pesar de odiar llevarlo así. La pálida piel tenía dos mejillas rosas, seguramente por todo lo que le provocaba aquél humano. Los ojos se le veían grandes por el rímel y los labios estaban pintados con un intenso carmesí. Parecía más un demonio que un ángel, pero las grandes e inmaculadas alas blancas que sobresalían de su espalda no mentían... aún.

 

Ella retrocedió conforme él se acercó, hasta que sus alas chocaron contra la pared de piedra y quedó atrapada. Una de sus manos subió hasta posarse en la mejilla y acariciarla suavemente con las yemas de los dedos. Ella quería cerrar los ojos y dejarse llevar, pero no podía dejar de verlo. Es tan hermoso, se repitió. Lentamente, su mano trazó un breve caminó hasta su cuello, después, con violencia, le tomó la nuca y la acercó sin problemas a él. El fuerte brazo que hasta ese momento había estado libre rodeó la delgada cintura del ángel y juntó sin cuidado sus cuerpos. Pecho contra pecho, ella ladeó su rostro y los labios de él cayeron sobre los suyos.

 

Creyó que jamás volvería a verlo, a besarlo, pero ahí estaba; abriendo su boca y jugando con la lengua, robándole el aliento, comiéndose los gemidos que escapaban de su garganta. Era magnífico. El atardecer se fundió en sus cuerpos, llenándolos de calor. Ella lo mordió dulcemente, desesperadamente, un beso no era suficiente para seguir respirando. Necesitaba darle más, obedecer las caricias de su lengua y volverse sumisa ante sus manos, sus palabras. Necesitaba abrazarlo y sentir a su agitado corazón latiendo contra el de ella. Lo necesitaba, tuvo el impulso de ponerse a llorar desconsoladamente al darse cuenta.

 

Él la soltó. Ella, mareada, tardó en volver a mirarlo. Su pecho subía y bajaba rápidamente, siguiendo el ritmo de su respiración.

             - Por favor - suplicó con lágrimas en los ojos

 

Él negó con la cabeza mientras volvía a separarse. Ella intentó seguirlo, pero las cadenas se tensaron y le impidieron moverse. Desesperada, abrió sus alas y forcejeó contra las ataduras. Se sentía morir cada vez que el daba un paso hacia atrás, aumentando la distancia entre sus cuerpos. Cada vez estaba más lejos.

 

Se detuvo a la misma distancia en la que había estado anteriormente y se agachó para recoger algo. Ella entreabrió los labios y dejó que sus brazos cayeran a sus costados, inmóviles. Él acomodó la puntiaguda flecha en el arco y la jaló en contra de la tensionada cuerda. En seguida, apuntó con el arma hacia el pecho del ángel. Ella no se movió, a pesar de que ya lo había comprendido todo. Miró, muy quieta, a aquél humano que acabaría por convertirse en su asesino. No iba a detenerlo, merecía morir. Había lastimado a su tonto, único y favorito amor de una forma irreparable. Lo había abandonado aún sabiendo que ninguno podía vivir sin el otro. Los errores siempre tenían un precio y, tarde o temprano, había que pagarlo.

            - Lo lamento - susurró ella mientras plegaba sus alas   

 

Él la miró por última vez. Ella pudo ver la oleada de amor y odio que se arremolinaba en sus ojos. La odiaba y amaba al mismo tiempo. Sonrió, pensando para sí misma que también lo amaba como a nadie más. El sol se escondió por completo y la flecha salió disparada en ese mismo segundo. No falló, fue un tiro perfecto; atravesó su corazón de una sola vez.

 

Su cuerpo se desplomó sin aliento. La muerte fue inmediata.  

 

 

 

 

 

Jessica Moyado.

 

 

 

Fogoso.

 

"La vida es hacia adelante" pienso antes de ponerme a caminar por un puente muy reducido. Miro hacia arriba, cielo negro. Miro hacia abajo, vacío negro. Miro hacia atrás, pasado negro.

Respiro. El humo entra a mis pulmones y me afecta como veneno. No puedo parar de toser, pero me abro paso entre las espirales grises que se mueven alrededor de mi cuerpo. Sospecho que intentan detenerme, para que no descubra quien está muriendo más adelante.

Llevo poca ropa, y el asfalto caliente está quemando mis pies desnudos. Las huellas de sangre sobre el camino son mías.

El calor deambula por mi piel y desciende, con una oleada que golpea mi pecho. Respiro más humo y mi cuerpo se contrae, arrebatándome el aliento con un jadeo. Intento apartar mi cabello, pero los pesados rizos están adheridos a la capa de sudor de mi espalda. Aún así sé que estoy cada vez más cerca.

El aire caliente sucumbe en mi rostro, y pequeñas chispas ardientes, en forma de estrella, saltan a mis hombros haciéndome gemir de dolor. Intento protegerme del peligro abrazándome el cuerpo, pero el crepitar del fuego me hace temblar de miedo: algo originó el incendio. Alguien se quemó vivo hasta morir. Y sigue ahí, puedo ver su sombra.

Hipnotizada, acaricio el fuego con las yemas de mis dedos. El dolor es dulce e insoportable. Empujo las llamas con las palmas de mis manos, como si se tratara de una cortina que me obstruye la vista. Las ampollas que se forman en mi piel son igual de dolorosas, pero nada importa cuando descubro a la víctima del incendio. Una de mis manos cubre mi boca y mis pies retroceden, pues la imagen es horrible.

Está muerto. Completamente consumido por el fuego. Destruido....

 

Era mi corazón.

 

 

 

Jessica Moyado.

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